26 de septiembre de 2007

El insight de Troya


El ser humano debe su comportamiento a una serie de variables que le rodean y conviven con él (culturales, sociales, familiares...) Estas variables son las que determinan el carácter y la personalidad, la manera de actuar e incluso el modo de pensar. Para conseguir meternos en la mente de alguien debemos pensar como ese alguien. Debemos conocer sus motivaciones, sus preferencias, su contexto... empatizar con él para poder intuir sus posibles reacciones ante situaciones concretas.


Si lo conseguimos... seremos un manipuladores, y nos relacionarán con Goebbels y su gente, pero este no es el tema que nos lleva.

Empatizar nos permite tener una posición envidiable para abordar nuestro objetivo, conocer la causa de su preciada atención. De este modo, podremos convencer al consumidor de que nosotros somos la opción que él necesita o lo que es aún mejor, somos la mejor opción porqué le entendemos y le generáramos argumentos para que se sienta tranquilo por habernos elegido.

La comunicación nos permite entrar en la mente del consumidor, como en Troya, los troyanos aceptaron el caballo y los griegos entraron en Troya. O lo que es lo mismo los griegos sabían la causa que lograría el efecto de entrar en Troya.

Por tanto, las comunicaciones deben transmitir conceptos cercanos, familiares, recordables y deben comunicarse en los puntos de contacto adecuados, para poder entrar en la fortaleza de la mente de manera sencilla. En comunicación, uno de esos caballos de Troya es el insight.

A modo de definición diría que un insight es un comportamiento característico que se da en un contexto específico sobre una creencia preestablecida. Un insight puede empezar así "Sabes cuando..." o "A ti no te pasa que..." o "Siempre que..."… y esta es la llave capaz de abrir todas las mentes. Un insight es la causa por la que nos escucharán y si es un GRAN insight deberemos picar hielo, cortar lima en rodajas, preparar vasos anchos, abrir una botella de ron blanco, coger un poco de hierbabuena y mezclarlo todo con soda, y montar la fiesta del Mojito, porque esto hay que celebrarlo.

No sé si te pasará, pero sabes cuando no te acuerdas del nombre de una cosa y no paras de pensar en ello hasta que lo dices...

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