22 de agosto de 2008

Síndrome turista


Todo empieza en una de esas tardes responsables que te da por planear tus vacaciones, enciendes el ordenador y te pones a buscar mil destinos para viajar en tus pequeñas vacaciones. Empiezas mirando lugares exóticos y transoceánicos, te imaginas estar debajo de un cocotero mientras te bronceas en las playas de Punta Cana y saludas a un loro charlatán que va vestido con camisa de flores que te dice: "Soy un loro y difícilmente podría entablar contigo más de dos palabras, es posible que esto sea un sueño".

El loro tiene razón, así que o acabas en un país europeo o te ves pasando las vacaciones en el pueblo de tus padres y escuchando las frases de tus abuelos: "Si que ha crecido el niño, si","Te veo más delgado... ¿ya comes bien?", "Come, come que te vas a quedar en los huesos", "Qué guapo que es mi nieto... y que salaó", "Te voy a dar una propinilla, pero no te las gastes en chucherías que se te caerán los dientes"...

Si... la opción Europa tiene más atractivo y te decides a volar. Al cabo de un mes empiezan tus vacaciones, porque sabes que si buscas los vuelos un mes antes te sale más barato y lo que te ahorras te lo puedes gastar en chucherías... Entonces empiezan los síntomas del síndrome turista, gastar por gastar, llevas un año haciendo la hormiga y es visitar a un país diferente y el dinero empieza a arder en tu bolsillo, los precios son más caros. Pero eso no parece un inconveniente, cuantas de esas cosas comparias en tu respectiva ciudad... aunque luego lo arreglas diciendo "estamos de vacaciones, que más da"

Otro síntoma son las fotografías, los elementos que necesitas son un cámara de fotos, una sonrisa establecida por defecto y cualquier piedra, monumento, plaza, calle, persona que te encuentres por la ciudad. Nos hacemos fotos en cualquier sitio y rincón, es como automático, ves una fachada con una bandera y te entran ganas de hacerte una foto, entras en un tienda rara y misteriosa y pides a la dependienta un fotografía donde ejecutas de manera magistral tu sonrisa establecida, cada parte de la ciudad la visitas y la fotografias. Pero eso si jamás te has hecho una fotografía en la Sagrada Familia residiendo en Barcelona, ni has visitado el Guggenheim viviendo en Bilbao, ni has posado junto al oso y el madroño en un día de tu vida en Madrid, ni has estado en la giralda en una tarde de tu vida laboral en Sevilla.

El síndrome turista siempre acaba diciendo "Si... un día cogeré la cámara y haré turismo por mi ciudad".

Sí... un día.