14 de diciembre de 2009

Esa fiesta llamada Navidad


Con la llegada de la Navidad ese callejón dónde vives, en el que a las nueve de la noche da miedo pasear, se convierte en el lugar más iluminado de tu ciudad. Has tardado tres días en enterarte de que te han puesto las luces de Navidad y no recuerdas haber visto a ningún operario del Ayuntamiento colocar nada. Desde ese momento empieza la Navidad para ti.

En tu vecindario están recolectando dinero para el árbol de 10 metros, que decorará el portal del edificio y te preguntas porqué no se compra uno de plástico que pueda aguantar para cuando tus hijos continúen pagando la hipoteca de tu piso. Así que haces uso de tu cargo como Presidente de la comunidad, por primera vez en lo que va de año, y expones cúal hippie revolucionario un discurso ecólogico ante los vecinos de tu escalera.


Después de los aplausos y de escuchar "Presidente, Presidente" te entran ganas de decorar tu hogar. De manera intuitiva apareces en el trastero de tu casa en busca de la caja del televisor, que manuscritamente pasó denominarse caja de la Navidad y se encuentra al lado de aquel árbol de plástico que compraste en tus primeras Navidades como independizado, y que con el tiempo más que un árbol parece un puzzle de ramas.

En la caja encuentras postales firmadas con Feliz Fiestas y Próspero Año 1999, un polvorón de canela del mismo año, la foto que te hiciste con 5 años con tu rey mago favorito y la caja de tus primeros mocasines donde guardas las piezas del Belén de años anteriores.

En vista de lo encontrado decides montar el Belén. Recuerdas que en tu infancia ibas a recoger musgo y ramas para hacerlo real... pero te encuentras bien en casa. Así que te planteas montar lo típico; el portal con su buey, su mula, la Virgen María, San José, el niño y los tres Reyes Magos. Vuelcas el contenido de la caja en el suelo y te asombras al ver que el niño Jesús dobla el tamaño a San José, que tienes dos reyes magos negros, que lo que más se asemeja a la Virgen María es un pastor venido a menos, que lo único que conservas del buey es su cabeza y que aún conservas el musgo de las Navidades de 1999.

Así que sin árbol y sin Belén pones un cassette regrabado de villancicos populares para ambientar el día y sonríes porqué en Navidad no se trabaja.

Como se suele decir en estas fechas, Felices Fiestas y Próspero año 1999.

1 comentario:

Martaa dijo...

xD muy bueno, me he leido todo tu blog i me a gustado mucho. Un besoo!