4 de enero de 2010

Domingo de cine

Es un fenomeno que suele ocurrir un fin de semana cualquiera, un domingo de sofa que os da por ir al cine. Has comprado entradas para ver la reedición de Superman en 3D. Te has pedido un enorme bol de palomitas y dos litros de Coca Cola. Cual niño de 12 años estás ansioso por ver acabar esos anuncios de peluquerías caninas y restaurantes de barrio.

Deseas que empiecen los efectos especiales y ver a tu héroe de infancia sobrevolar el cielo de Manhattan, con sus calzoncillos por encima de los pantalones y su capa rojo pasión. Tus ojos olvidan parpadear y el grado de concentración es comparable al de tu primer examen de conducción. Una concentración que acaba cuando oyes al tipo que esta hablando en tono susurro por el móvil y a la mujer, dos filas atrás, que intenta abrir lentamente ese caramelo envuelto en celofán para evitar hacer ruído.

Te encuentras en pleno momento álgido. Superman escucha una llamada de socorro. Se coloca la capa y se dirige a salvar al típico gato en el típico edificio en llamas... cuando de repente, notas un toque sutil en tu hombro izquierdo. Con voz tímida el hombre, que tienes a tu lado, te pide educadamente espacio para poder ir al lavabo. Te levantas con los ojos fijados en la gran pantalla, metes barriga; el hombre pasa y te vuelves a sentar como si fuera todo a cámara lenta. Recordando mentalmente tus pertenencias distribuidas por las butacas de la zona: abrigo, jersey, casco y llaves, refresco y... efectivamente, al levantarte se te ha caído el bol de palomitas al suelo. A excepción de una palomita que se ha mantenido en la butaca, aunque sospechas de que siempre ha estado allí. Contemplas el bol en el suelo y planeas una venganza que acabará en sonrisa postiza, palmadita en la espalda y un cordial "Tranquilo, son cosas que pasan".

La película ha llegado a su fin. Como buen amante del cine que eres, esperas hasta que el último extra aparezca en las letras de crédito, mientras va sonando el tema principal del film. Sales del cine eufórico pensando que Superman te ha transmitido sus poderes y que eres capaz de salvar el planeta. Aunque quizás ha llegado el momento de apuntarse al gimnasio, por aquello del traje ceñido y las mallas.

Por delante, el denominado niño hiperazucarado sale corriendo de la sala. Se detiene. Coge carrerilla y con decisión, y puño al frente, se dispone a volar cuál superhéroe ochentero por los cielos del centro comercial. Con la diferencia de que ni lleva capa, ni sabe volar, ni es Superman. Por suerte la Seguridad Social cubre este tipo de accidentes y el niño con salud de hierro se recuperará en dos semanas.

Viendo al niño agonizando en el suelo te tranquiliza haber visto la reedición de Superman y no la del Padrino.

2 comentarios:

Elsa R dijo...

El otro día vimos una mente maravillosa y mi novio no paro de hacer cálculos y movidas con la intención de descubrir una teoría... Genial tu blog!! Un Saludo!

Obat Tradisional Gula Darah dijo...

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